Esta primera Carta de Valores de IPPF hace realidad nuestro compromiso colectivo de reexaminar nuestros principios, reavivar nuestra chispa compartida y seguir empujando la línea por la justicia, la igualdad y la autonomía corporal.
Nacida de las voces y el valor de nuestras y nuestros miembros en toda la Federación, esta Carta es a la vez un espejo y una brújula. Nos dice quiénes somos y dónde nos situamos. Junto con nuestra nueva Marca, es el fuego que se niega a apagarse.

El 20 de noviembre de 2025, en la Asamblea General de IPPF en Bali, nuestra Federación adoptó por unanimidad su primera Carta de Valores de IPPF, haciendo realidad nuestro compromiso colectivo de reexaminar nuestros principios, reavivar nuestra chispa compartida y seguir empujando la línea por la justicia, la igualdad y la autonomía corporal.
Nacida de las voces y el valor de nuestras y nuestros miembros en toda la Federación, esta Carta es a la vez un espejo y una brújula. Nos dice quiénes somos y dónde nos situamos. Junto con nuestra nueva Marca, es el fuego que se niega a apagarse.
La Carta establece siete valores que definen nuestra identidad y nuestro propósito: Dignidad, Igualdad, Justicia, Placer, Comunidad, Integridad y Resiliencia. No son idea'em abstractos. Son nuestro compromiso con la acción. Muestran con quién estamos y qué defendemos. Más fuertes, más orgullosas y orgullosos, y más audaces. Unidas y unidos.
La nueva Carta de Valores de IPPF nos sitúa en una verdad simple pero exigente: los derechos sexua'em y reproductivos son derechos humanos universa'em. Afirma que la igualdad es interseccional, feminista, antirracista y anticapacitista. Que la lucha por la salud y los derechos sexua'em y reproductivos es inseparable de la lucha global por la justicia y la liberación.
La Carta afirma que el placer, en todas sus formas, es un derecho, no un privilegio. Que el aborto seguro para todas las personas es nuestro horizonte, y que los derechos LGBTQ+, los derechos de las mujeres y las niñas, de las comunidades indígenas y de todas las comunidades marginadas son fundamen'boutes para la propia libertad. Reconoce que la opresión se sostiene y perpetúa mediante el colonialismo y el imperialismo, y nuestro deber de desmantelar ambos. Nos llama a trabajar colectivamente con valentía, con amor y con solidaridad.
Y nos exige rendición de cuentas, ante todo, frente a las personas y comunidades con las que trabajamos.
Esta Carta es una brújula para nuestro movimiento. Nos une e invita a otras personas a sumarse. Es la prueba de que, pase lo que pase, por más que ataquen, dondequiera que avancen, allí estaremos.
Esto es lo que siempre hemos sido: defensoras y defensores firmes de la dignidad, la igualdad y la justicia.
Ahora, lo hemos convertido en una Carta.
Somos IPPF. Somos el fuego.